
2025-08-18
Columna de Arturo Núñez: “Para meditar”
Cuando un tenista obtiene una victoria resonante, se habla que mostró toda su clase.
Pero hay quienes afirman que también se exhibe categoría cuando se sufre una derrota dolorosa, y se reconoce sin excusas la superioridad del rival.
A mi entender, se derrocha clase cuando la derrota se transforma en aprendizaje y su resultado es transformador, lo que se traduce en resiliencia.
La categoría al ganar o perder, no se compra.
Se relaciona con los valores que provienen de la familia, en particular para aceptar la derrota con hidalguía y nobleza.
La derrota posee un sabor amargo que, a veces, es beneficioso.
Sobre todo, si el éxito se hace costumbre.
En ese caso, la derrota opera como un despertador que obliga al deportista a poner los pies en la tierra.
Escuché por ahí que no hay que preocuparse tanto de ser un buen tenista, sino de ser uno respetado.
Un gran nivel tenístico, no garantiza respeto.
Mucha gente juega bien, pero no es respetada porque se comporta de forma deplorable en la cancha y en la vida.
Sin embargo, existen personas que no juegan tan bien, pero que son valoradas por su intachable conducta dentro y fuera del club.
El buen juego va y viene y hasta se puede perder para siempre, producto de una lesión.
Pero si las cosas se hacen bien, y se tiene claro lo que de verdad importa, el respeto ganado es eterno.
Pasando a otro tema, tengo la sensación de que en Chile, si un entrenador sabe mucho va a tener problemas graves.
Si sabe muy poco también enfrentará dificultades serias, pero menos que si es dueño de conocimientos elevados.
Porque hoy, en este país, molesta menos la ignorancia que la sapiencia.
Por último, el otro día leí que en Japón, antes de cualquier desafío relevante, los padres les dicen a sus hijos “esfuérzate al máximo”.
En Chile, escucho muy seguido que en la misma instancia, los padres les desean “buena suerte” a sus hijos.
Sin duda, se trata de dos culturas opuestas.
Esforzarse al máximo depende de la persona. Divertirse en la cancha, también.
Pero nadie puede esforzarse, ni hacer méritos para tener buena suerte.
Solo es casualidad.
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