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2026-01-22

Columna de Arturo Núñez: “Marcelo Ríos”

“Es un genio jugando tenis, pero…”, se decía con frecuencia sobre “El Chino” cuando era jugador activo, con tono y cara de desaprobación.

El ser humano es especialista en encontrar siempre un “pero”, para todo.

Nunca nada es lo suficientemente bueno como para conformarlo.

A toda conducta de los otros le exige correcciones, menos a la suya por supuesto.

Yo me pregunto: Si Marcelo Ríos hubiera cambiado su forma de ser, por agradar a los demás, ¿hubiera jugado como jugó? ¿Hubiera sido tan genial como lo fue? ¿Hubiera llegado donde llegó?

Estoy convencido que no, porque su particular personalidad se reflejaba de manera fiel en su juego, que era suelto, libre, sin reglas, con desparpajo, intuitivo, espontáneo, sin ataduras.

Creo que a la gente hay que aceptarla como es, y no por partes. O se toma el paquete completo, o nada.

Exigirle al otro que perciba el mundo igual que nosotros, o cambie lo que no nos gusta y mantenga lo que nos agrada, me parece algo fuera de lugar, una patudez.

Marcelo Ríos era extraordinario jugando tenis. Junto a eso, tenía una larga lista de defectos.

Pues bien, la gran mayoría de las personas no son extraordinarias en nada, también poseen una extensa serie de falencias y resulta que nadie las fastidia para que cambien o mejoren.

Entonces Ríos, con sus múltiples defectos y todo, era mejor que la enorme mayoría, pues sabía hacer al menos una cosa de forma superlativa.

Antes de señalar los defectos del otro, mejor trabajar los propios.

Y si no nos gusta cómo se comporta alguien, no hay que juntarse con esa persona.

Más no se puede hacer.

Pienso que hay que dejar de creer que se tiene el derecho a enseñarle a un adulto cómo debe vivir y comportarse, siendo que nunca nos ha pedido nuestra opinión.

Sobre todo, cuando la inmensa mayoría de las personas no somos ejemplo de nada.

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